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EN LOS MEDIOS

17 de julio: Malaysia Airlines, vuelo MH17. En recuerdo de Joep Lange y Jacqueline van Tongeren

El 17 de julio hará un año que recibí una llamada de mi cuñado desde los Estados Unidos. Me contó que un avión de Malaysia Airlines que se dirigía de Ámsterdam a Kuala Lumpur había sido derribado. ¿Era posible que alguno de mis conocidos viajara en él? De inmediato supe que nunca volvería a ver ni a Joep Lange ni a Jacqueline van Tongeren: unas horas antes, poco antes del despegue, Jacqueline me había enviado un sms desde el avión.

No tengo claro si he asimilado esa pérdida, ni cómo lo he hecho. La vida continúa y hay muchos momentos hermosos de los que puedo disfrutar intensamente. La tristeza ya no es tan abrumadora como los primeros meses y, sobre todo, ya no es tan irreal. Es como si mi cerebro se hubiese ido acostumbrando al vacío que han dejado.

Pero ¿de verdad es así? He borrado las fotos de Joep y Jacqueline de la pantalla de mi ordenador: cada vez que las veía, sentía una punzada en el estómago. Los libros que Joep me regaló a lo largo de estos veinticinco años están en una estantería al alcance de la vista, pero ni se me ocurre tocarlos. Cuando sin querer cojo un paño de cocina con vaquitas que nos dio Jacqueline, lo suelto al instante. No hace mucho compré un vídeo de un artista africano porque sabía que a Jacqueline le habría entusiasmado: como si todavía pudiera compartir esa experiencia con ella.

Hace unos meses me invitaron al Amsterdam Diner, en el que se iba a rendir homenaje a Joep y a Jacqueline, pero no fui. «Basta de conmemoraciones, la vida continúa», me dije. Sin embargo, cuando un amigo me mandó un WhatsApp en el momento en que se mostraba una enorme foto de Jacqueline en el Heineken Hall, me eché a llorar.

El combate entre el sentimiento y el intento de racionalizar ese sentimiento no cesa. Los libros de Joep, los paños de las vaquitas, incluso el vídeo que Jacqueline no verá nunca hacen que de nuevo aflore la tristeza. Entonces vuelve a estar muy presente.

No sé si a lo largo de este año he logrado encontrarle un sitio a la pérdida o simplemente la he apartado. Tampoco sé si el hecho de apartarla paulatinamente, de dosificarla, por así decir, será una forma de ubicar la pena. Lo que desde luego no ayuda es que, debido a su particular carácter, el «accidente» del vuelo MH17 no haya faltado ni un solo día en las noticias internacionales.

El 17 de julio no leeré los periódicos, no pondré la televisión, apagaré el teléfono y no abriré el correo. Me iré de paseo con Sarita, nuestra perra, y le daré de comer las galletas de la bolsa del lazo rojo que Joep y Jacqueline le compraron y que lleva más de un año en un rincón del armario.