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EN LOS MEDIOS

Entrevista a Han Nefkens en La Vanguardia

LA VANGUARDIA 25
LUNES, 15 MARZO 2010

El escritor y coleccionista de arte Han Nefkens ( R o t t e r d a m , 1954) le disputa la vida al VIH desde que en 1987 supo que era seropositivo. Tenía 33 años, una pareja estable, Felipe, su compañero actual, y llevaba once trabajando como corresponsal de la radio pública holandesa en México. “Crees estar en el principio de la película de tu vida… ¡y, de repente, ves aparecer los títulos de crédito!”. En ese momento, recuerda, la esperanza para una persona con VIH era de ocho meses; año ymedio como mucho. “Al principio no te lo crees. ¿Positivo? ¿Qué quiere decir? Igual significa algo bueno. ¿No? Entonces se han equivocado, seguro. Yno. No se trataba de un error. Entras entonces en el circuito médico. Tienes que medicarte cada día. Tienes que cuidar tu salud… Pero lo que duele de verdad es la pérdida de esa ilusión tan infantile de que vas a vivir siempre…”.

Necesitó tiempo para digerirlo y darle un sitio en su nueva vida, para coger fuerzas con las que combatir la vergüenza y el estigma social que conlleva. Y en ese respirar hondo, el sida le hizo un primer regalo. “Cuando eres joven estudias, trabajas o haces algo porque después vas a poder hacer otras cosas. Y de repente el después ya no existe, es el ahora o nada. Aprendes a vivir cada instante como si fuera único, sin desperdiciar ni un minuto, todos son importantes”. En 1991, la muerte de su hermano, también enfermo de sida, lo condujo de nuevo a un pozo negro, del que salió gracias a la escritura. “No lo hice como una forma de terapia. Es dificilísimo escribir, es mucho más fácil olvidar. Simplemente mi vida de escritor empezó en ese momento porque nunca antes había tenido una razón tan poderosa para escribir”.

Hermanos de sangre, su primer libro, vio la luz en 1995, y un año después las nuevas combinaciones de fármacos en los tratamientos contra el sida le ampliaron el horizonte. “Empecé a encontrarme mucho mejor, mis T4 mejoraron, ya nome sentía tan cansado, y el final, que había tenido tan cerca, empezó a retroceder, se alejó”. Podría decirse que empieza aquí la tercera vida de Hans Nefkens. “De repente hay esperanza, y vuelve amí la idea de que tal vez pueda vivir hasta los 70 años. El problema es que mi organismo va creando resistencia a los fármacos y más o menos cada año y medio necesito nueva medicación, que por suerte va apareciendo. GraciasaDios tengo medios económicos y un buen médico en Holanda que me ayuda a conseguirlas, entrando en programas de investigación. Y así llegué hasta aquí, donde ahora vivo, con una cita en el bolsillo con el doctor Bonaventura Clotet. Barcelona tiene para mí el sentido de la vida”.

Yel arte le recuerda que efectivamente está vivo. Un día, en una visita al Museo Stedelijk de Amsterdam, se quedó clavado durante cinco horas ante el video de Bill Viola La travesía, en el que un hombre se consume en el fuego. Poco después fue la artista suiza Pipilotti Rist en Nueva York la que lo cautivó con su sensualidad de colores y formas. “Quiero que mucha otra gente vea esto”, pensó. ¿Cómo? Iniciando una colección de arte, la H+F Collection, que en lugar de colgar en las paredes de su casa expone en museos como el Central Museum de Utrecht, el Boijmans Van Beuningen de Rotterdam o el Stichting de Pont de Tilburg. “No es filantropía. Lo que me impulsa es el deseo de compartir, que aquello que me conmueve pueda emocionar a otras personas”, ataja Nefkens. “Comenzar la colección en el 2000 fue para mí una liberación. Como cualquier miembro de una familia acomodada de Holanda, una parte del dinero que recibía lo utilizaba para vivir y el resto lo invertía. Me di cuenta de que no era eso lo que yo quería. Quería usarlo en algo que me conmoviera, que me llenara de placer: eso es el arte. La primera decisión consistió, pues, en darme permiso para utilizarlo”. En la actualidad posee más de 400 piezas.

El relato vuelve a oscurecerse en el 2001, cuando el VIH le infectó el cerebroyperdió la capacidad de leer, escribir, hablar, comer, caminar… Le costó dos años volver a relacionar las cosas con sus nombres. Lo explica en Tiempo prestado. Mensajes desde un país lejano, un emocionante, lúcido relato publicado ya en Holanda –¡busca editor español!–, y después de leerlo parece un milagro tenerlo aquí charlando animadamente, salpicando la conversación de francas carcajadas. “Meconvertí en un niño de dos años. Y eso fue un shock terrible. Estuve muy cerca de la muerte, y como todos los que hacen ese viaje, a la vuelta ya no era el mismo. Mi deseo es compartir, mis pensamientos, mis experiencias, mi dinero… Yo sigo vivo gracias a los fármacos, pero hay millones de personas que no tienen acceso a ellos. Es de una injusticia insoportable. No puedo seguir viviendo mientras veo como los demás mueren”.

Esa es la razón por la que, en el 2006, se reinventó en “activista” y creó la Fundación ArtAids, que utiliza el arte en la lucha contra el sida, invitando a artistas a crear piezas que traten sobre la enfermedad. Su primera muestra en Barcelona, Mirant des de fora, hamerecido un premio de la Associació Catalana de Crítics d’Art. Desarrolla otro programa en Tailandia, donde proporcionan cuidados integrales a 200 niños infectados de sida y a sus familias. “Es como si los tuviéramos adoptados”, dice. Y dedica dinero a la investigación, entre otros al centro de Can Ruti, que dirige el doctor Clotet. “Los efectos secundarios hace tiempo que no están de moda, que no se habla de sida. Lo tienen 40 millones de personas…, es tan ordinario…”, ironizaba en Tiempo de prestado, y aquí y ahora advierte de la importancia de la prevención, quehay que hablar de ello y que no se le ocurre mejor vehículo que el arte. “La gente ha bajado la guardia. Cree que los fármacos lo solucionan todo. Pero desconocen los efectos secundarios, las náuseas, el cansancio…, yque aumentan el riesgo de cancer y enfermedades cardiovasculares. Pero no me quejo. Celebro la vida cada día”.

TERESA SESÉ
Barcelona